Sólo soy quien digo ser. A veces, ni eso.
Verba volant, scripta manent.
El impostor. Javier Cercas
Apasionante
la vida de Enric Marco. Seguramente recordaréis el caso que salió en prensa:
Enric, nonagenario barcelonés (creo que hoy en día tiene 99 años) se hizo pasar
por superviviente de los campos nazis y fue desenmascarado en mayo de 2005. Llegó
a pronunciar centenares de conferencias, conceder entrevistas y recibir
distinciones. También llegó a presidir durante tres años la asociación española
de los supervivientes del III Reich.
Javier
Cercas nos cuenta su historia. La historia de una mentira que, como dice el
propio cercas, para que sea creíble tiene que estar basada o enmarañada con
verdades o verdades a medias.
Me
ha resultado apasionante esta historia. Muy entretenida en su lectura; si bien
es cierto que quizás se extiende más de la cuenta el autor en exponer sus dudas
a cerca de si escribir o no el libro (alterna los capítulos entre la historia
de Enric Marco y su propio periplo de entrevistas, indagaciones y dudas sobre
el protagonista) me parece un libro muy interesante no sólo por la historia de
esta impostura sino por cómo el protagonista se las arregla para llegar a hacer
de ella su vida real.
Es lo primero que me leo
de Cercas, así que no puedo comparar con otras obras suyas. A mí ésta me ha
gustado mucho.
El imbécil
Nos
han mandado en la escuela una redacción sobre las vacaciones. Voy a escribir
sobre mis planes en el pueblo con mis amigos de siempre. Las aguadillas de
Alberto en la piscina, los bocatas en la playa al anochecer con Silvia y los
demás. Mis intentos por parecerle, por fin, interesante a Silvia la hermana
gemela de Luis, a quien envidiábamos porque le habían comprado una moto a
finales del verano pasado. Silvia siempre me llamaba egoísta no sé por qué…
Bueno, si es que la veo. ¿Me dejará la moto? Alberto me contó que desde lo de
su hermano, apenas sale de su habitación.
Unas pocas consideraciones sobre poesía en "Una leve exageración". Adam Zagajewski
" Karol Berger me refirió durante un paseo por el XVI distrito de París unas palabras de Victor Hugo. A la pregunta de si es fácil escribir poemas, éste respondió: « Cuando uno puede escribirlos, es muy fácil; cuando no puede, es imposible »."
*****
"El poema es como el rostro humano: un objeto que puede medirse, describirse y catalogarse, pero también un llamamiento. Uno puede responder al llamamiento o ignorarlo, pero difícilmente conseguirá tomarle las medidas con una cinta métrica. Resulta difícil medir la altura de una llama con la ayuda de una regla de escuela.
*****
"Sólo de mí, de nosotros, depende si el mundo espiritual se va al traste o si continua vivo. Cada día tomamos la dicisión, escogemos entre izar la bandera blanca de la rendición o el gobelino policromo de un poema".
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"La música y la poesía examinan las proporciones en las que el interior se mezcla con el exterior".
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"Kavafis era el poeta de la derrota y sabía utilizar los matices placenteros de la melancolía para describir consecuencias psicológicas de esta derrota y relativizar sus efectos. Sin embargo, le faltó coraje, o tal vez imaginación, para escribir sobre la pesadumbre de los cuatro siglos bajo el dominio de los sultanes. Por lo visto, la alquimia poética no es omnipotente... Se echa atrás ante algunas sustancias, ante la humillación verdera".
*****
" La composición de un poema suele ir precedida de un profundo silencio y, por regla general, algo de este silencio se inmiscuye en el verso. [...]
El silencio que precede al poema puede ser - y a veces es- un estado embriagador capaz de abarcar la totalidad del mundo mucho mejor que el poema al que dará vida, pero puede ser también un momento de gran desesperación. La redacción de un poema [...] es inseparable de la pérdida y de la pena que acompaña a la necesidad de salir del pozo de silencio. Para todo aquel que escribe, que intenta escribir poemas, éste es el gran dilema".
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Resumiendo una teoría de Julien Green sobre la poesía y la liquidación de los conventos en la época isabelina: "la enorme energía de la contemplación no podía desaparecer sin más, desvanecerse en el aire - tales cosas no suceden jamás-; tuvo que buscarse otro sitio y la encontró en la poesía..."
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"...este superávit de tono que constituye el corazón mismo de la poesía"
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"...dígase lo que se diga, lo magnífico y extraordnario de la poesía (algo extremadamente raro) tiene su origen en la realidad, en una capa de la realidad que no queda al descubierto sino en raras ocasiones, en ese segmento del mundo que emite resplandor".
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"La poesía se encuentra indefensa ante la ironía; los aforismos recuerdan navajas bien afiladas y no ueden prescindir de la agudeza. Los poemas no quieren ser agudos, no pretenden herir a nadie, no tienen que estar bien afilados..."
*****
"Un día Simone Weil escribió en sus Cuadernos: « Un poema es bello en tanto en cuanto el pensamiento del poeta descansa sobre lo inefable» ".
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"Para los poetas, los Cuadernos de Cioran - donde nada es sagrado excepto la música de Bach, Händel y Mozart- deberían de ser lectura obligatoria".
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"Quien posee el don de la poesía - para la escritura o la lectura- debe tratar ese don como fundamento de todas las cosas y, al mismo tiempo, utilizarlo con mucho tiento para no ahogar las fuerzas que encierra y permitirle dialogar libremente con otros dominios de la vida."
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"Un día Milosz (refiriéndose a Czeslaw Milosz) me llamó. Noté en su voz una gran tristeza, una profunda melancolía. Nos pusimos a conversar y no tardé en intuir que se sentía sin fuerzas para seguir adelante y me pedía ayuda. Finalmente, dijo: « Por favor, sea sincero conmigo; ¿cree usted que jamás he escrito un poema bueno?» ".
*****
"Si alternamos la novela con la poesía, la larga duración o la permanencia ardua con el breve estallido que es el poema, todo parece indicar que , si bien no podemos saberlo a ciencia cierta de antemano, la muerte a la que tanto tememos pertenece a esta última categoría y vendrá a modo de un verso y no como una novela. En cambio, el miedo que nos infunde se situaría en la duración, en la «novela»."
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"Comentar la poesía, ¡ qué torpeza! "
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"A todas luces, Dios no lee poesía".
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"No sé cómo viven mis colegas poetas y poetisas, pero sé muy bien que no suelo creer en mis propios poemas".
De superficies y profundidades
Reviso una libreta que andaba por ahí.
Encuentro este último escrito en ella. Aún no sabía que una pandemia iba a
golpear muy pronto al mundo. Luego vino el confinamiento, el parón forzoso que
me hizo libre en algunos aspectos importantes, que no es poco. Ahora mismo
parece que ni siquiera recuerdo bien cuál era la superficie en la que pensaba
que vivía aunque sí sé que no me refería a frívolas superficialidades. Por lo
demás, sigo (como puedo) mi desescalada personal, que tampoco es poco y hoy,
sólo me apetece dejarme llevar como cuando se hace el muerto en el agua.
Quisiera ser esa flor
Quisiera ser esa flor - no por su belleza - sino por su falta de desvelo en serlo para los demás.
(La perfección de la flor es de mi begonia; la imperfección del haiku, mía).
Mis plantas me enseñan
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Mi Bego |
Mis
plantas me enseñan paciencia, que tanta falta (me) hace, me enseñan que todo
llega - lo bueno y lo malo - el tiempo de florecer y el tiempo de marchitarse.
Me deleitan con la armonía del silencio, que tanto me gusta.
Me
enseñan lo necesario de los cambios, esa adaptación que tan difícil se nos hace
a veces.De mis plantas obtengo compañía y serenidad. Me traen, a domicilio,
parte de la Belleza natural de ahí afuera. Me enseñan respeto y a ser sensible
a la fragilidad ajena. Aprendo con ellas la necesidad de cuidar, la necesidad
de observar y a no dar, a la primera, nada por perdido.
Pero
creo que la lección más grande y más importante que me enseñan es la de la
gratitud.
Hace un año, cuando compré esta begonia, alguien me dijo que sería efímera... Parece que a ella, eso, no lo sentó muy bien y aquí está. LLegará su momento, como el de todos nosotros, pero no será todavía.
Hace un año, cuando compré esta begonia, alguien me dijo que sería efímera... Parece que a ella, eso, no lo sentó muy bien y aquí está. LLegará su momento, como el de todos nosotros, pero no será todavía.
BE THE POEM
CAMINANTES
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Unos 45 minutos caminando; caminando por caminar, sin rumbo,
como zombies... Hoy he acariciado con los ojos la “nueva normalidad”:
mascarillas, distancias, esquivar a gente, cambios de acera… He visto de todo:
he visto quienes hemos observado estrictamente las normas, he visto algún
corrillo de gente sin mascarillas, también he visto faltas de respeto a la
franja horaria por parte de algunas personas. Pero en fin, viva la libertad. Me
he metido por una zona en donde he encontrado una plaza interior que estaba
vacía; nadie, los columpios precintados. La “nueva normalidad” es triste,
distópica. Somos zombies caminando detrás de otros zombies. Me ha saludado una
chica que conocía pero yo no la he reconocido a ella, las dos con mascarilla.
Creo que hemos sonreído, yo al menos.
Durante todo el tiempo que he estado fuera se ha escuchado una música como si hubiera un concierto cercano, lo que leeis: a volúmen de concierto, os juro que no exagero. No sé si salía de alguna ventana, supongo que sí, claro. He pensado en los vecinos de ese piso teniendo que soportar todas esas canciones a la fuerza, porque sí, porque parece que la “nueva normalidad” impone música para acallar el silencio interior que nos grita y que no queremos escuchar. O tal vez, no queremos recordar que se han ido 25.264 personas que ya nunca podrán escuchar nada. O quizás no es cosa de la nueva normalidad y esa situación se ha dado durante todo el confinamiento, si así fuera, y yo hubiera sido una vecina de ese bloque, ya me hubiera tirado por la ventana. También os lo juro (creo). Pero es su libertad y hay que respetarla; la de los demás, siempre la de los demás.
He vuelto triste. Quizás es porque hoy tampoco tuve un buen día. Ni la puesta de sol me ha parecido como siempre, me ha dado la sensación de que era de mentira, falsaria, como si alguien la hubiera colocado ahí para recordarnos cruelmente la otra normalidad, la de verdad.
Sólo me consuela pensar que todo esto sea algo transitorio.
Casi al llegar a casa me he vuelto a encontrar con la misma persona que me había saludado y hemos cambiado de acera para no cruzarnos. Me ha resultado deprimente.
No sé si mañana me apetecerá salir de nuevo a ver la misma distopía. Quizás tengo el síndrome ése de la cabaña, no lo sé; sólo sé que, al menos, lo que hago en mi casa sí es normal.
Me asusta pensar que ahora mismo la auténtica normalidad sólo está dentro de una película.
En fin. Un día menos.
Durante todo el tiempo que he estado fuera se ha escuchado una música como si hubiera un concierto cercano, lo que leeis: a volúmen de concierto, os juro que no exagero. No sé si salía de alguna ventana, supongo que sí, claro. He pensado en los vecinos de ese piso teniendo que soportar todas esas canciones a la fuerza, porque sí, porque parece que la “nueva normalidad” impone música para acallar el silencio interior que nos grita y que no queremos escuchar. O tal vez, no queremos recordar que se han ido 25.264 personas que ya nunca podrán escuchar nada. O quizás no es cosa de la nueva normalidad y esa situación se ha dado durante todo el confinamiento, si así fuera, y yo hubiera sido una vecina de ese bloque, ya me hubiera tirado por la ventana. También os lo juro (creo). Pero es su libertad y hay que respetarla; la de los demás, siempre la de los demás.
He vuelto triste. Quizás es porque hoy tampoco tuve un buen día. Ni la puesta de sol me ha parecido como siempre, me ha dado la sensación de que era de mentira, falsaria, como si alguien la hubiera colocado ahí para recordarnos cruelmente la otra normalidad, la de verdad.
Sólo me consuela pensar que todo esto sea algo transitorio.
Casi al llegar a casa me he vuelto a encontrar con la misma persona que me había saludado y hemos cambiado de acera para no cruzarnos. Me ha resultado deprimente.
No sé si mañana me apetecerá salir de nuevo a ver la misma distopía. Quizás tengo el síndrome ése de la cabaña, no lo sé; sólo sé que, al menos, lo que hago en mi casa sí es normal.
Me asusta pensar que ahora mismo la auténtica normalidad sólo está dentro de una película.
En fin. Un día menos.
Terapias
23 de Abril, Día del Libro
Mi querida Emily Dickinson vivía (casi) confinada y amaba los libros.
Éste es un poema suyo:
¡Qué bueno regresar a mis libros!
-término de los fatigados días-
Casi compensa la abstinencia,
y el dolor se olvida con el placer
Como aromas que confortan a los invitados
en el banquete, mientras esperan,
esta fragancia aligera el tiempo hasta que llego
a mi pequeña biblioteca
Puede haber desolación afuera,
lejanos pasos de hombres que padecen,
pero la fiesta suprime la noche
y hay campanas, interiormente.
Doy las gracias a estos Parientes del Estante.
Sus caras apergaminadas
nos enamoran mientras esperamos,
y nos satisfacen al alcanzarlas.
-E. Dickinson-
Microrrelato
Su
preferido fue el séptimo. Lo llamó Domingo y se relajó pensando que había hecho
un buen trabajo. Se abrazó a la nube más blanca y esponjosa, escuchó el rumor
del mar, el canto armonioso de los pájaros y se durmió profundamente.
Soñó con primaveras y con niños, con el sol y las montañas; pero pronto comenzó
a soñar con el invierno, con el frío, con palacios habitados por tiranos, con
balas y con guerras y con la explosión de una gran bomba que a punto estuvo de hacerle despertar… pero imposible. Ni por esas.
Palabras para una imagen
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© Kerry Skarbakka |
LA GRAN OLA
Lo encontraron
desnudo, con el pelo seco y el cuerpo abotargado en perfecto acoplamiento al
interior de la bañera . Su mano derecha cerrada y rígida, como si hubiera
estado agarrando algo fuertemente, no sujetaba nada. Del desagüe asomaba una
esquina de, lo que más tarde se supo, era la cortina de ducha. De cómo pudo
haber llegado a introducirse casi por completo por la tubería, todavía es un
misterio.
Causa de la muerte: "asfixia por ahogamiento - dijo el forense tras practicarle la autopsia- tiene además los pulmones encharcados de agua salada".
El suceso aconteció el 15 de abril de 2020, en la pequeña localidad de Cidreira, Brasil, antípoda de Kanagawa para más señas.
Causa de la muerte: "asfixia por ahogamiento - dijo el forense tras practicarle la autopsia- tiene además los pulmones encharcados de agua salada".
El suceso aconteció el 15 de abril de 2020, en la pequeña localidad de Cidreira, Brasil, antípoda de Kanagawa para más señas.
Adaptarse...
No te quites la costra que te quedará marca. Dominique Vernay
Vuelvo al excelente libro de
microrrelatos de Dominique Vernay y me encuentro en el último de ellos un
"grumo" que bien pudiera estar escrito hoy mismo a pesar de que el
libro ya lleva unos años publicado.
En sus microrrelatos, D.V. disecciona
muy bien al ser humano, y aunque lo suele hacer desde el humor (no es,
precisamente, el caso de éste que muestro), todos ellos resultan mordaces y con
un punto agridulce que hace que la sonrisa banal se transforme en un lúcido
toque de atención.
Un libro, en mi opinión, más que
recomendable. Lo he disfrutado mucho a pequeñas dosis.
"No te quites la costra que te
quedará marca" de Dominique Vernay. 2013.
Tus pasos en la escalera. Antonio Muñoz Molina
Cada
vez me gustan más los libros que hablan del ser humano: de su naturaleza, de su
condición, de cómo se comporta... ya sea
en primera persona - como es el caso de éste- o en cualquier otra. Cada vez me
interesa menos la historia que cuentan y mucho más el cómo lo cuentan. Cada vez
menos el final y más el desarrollo. Y todo esto que me interesa se da en
"Tus pasos en la escalera" de Antonio Muñoz Molina, que empecé a leer
por casualidad (estaba en novedades en la biblioteca de mi barrio y lo saqué)
justo al comienzo de este confinamiento.
Y el caso es que esta novela tiene bastante que ver -supongo, claro, que
sin pretenderlo el autor que qué iba a saber él de estas circunstancias cuando
lo estaba escribiendo- con esta situación que estamos padeciendo: una especie
de "fin del mundo" (esperemos que no llegue a tanto aunque yo sí
espero que sea el fin, en muchos aspectos, del mundo que estábamos creando
hasta ahora) que nos hace estar en casa. Muchos de nosotros, este
confinamiento, los hacemos en soledad y enfrentándonos a nosotros mismos (lo
cual, creo, que es algo bueno dentro de todo esto malo).
El
"fin del mundo" al que se refiere el autor no es un fin inmediato de
esos que vemos en las películas sino que se refiere más bien a ese deterioro a
todos los niveles que podemos apreciar sólo con ver un telediario.
El
protagonista espera, "casi confinado" en la casa de Lisboa a la que
se ha mudado, la llegada de su esposa
desde Nueva York que no sabe qué día va a ocurrir. Mientras pasan los días y
espera, cuenta cosas; cuenta cosas de sí mismo, de su vida en pareja, de las
situaciones a las que se enfrenta en esa nueva ciudad donde no conoce a nadie.
Por única compañía: Luria, su perra, y a sí mismo y sus pensamientos.
Me
encantan los libros que me hacen reflexionar y que cuentan cosas (por supuesto
bien contadas) y me da un poco igual lo que cuenten con tal de que me interese
y de que me atrape la forma de contarlo.
"Tus
pasos en la escalera" es la última novela de Antonio Muñoz Molina, autor
del que me ha gustado todo lo que he leído, y es una novela
"inquietante", psicológica, introspectiva...
Me
ha gustado mucho y quizás, estas circunstancias tan especiales por las que
estamos pasando le han dado el escenario perfecto para que conectase más aún
con ella.
Así
empieza:
"Me
he instalado en esta ciudad para esperar en ella el fin del mundo. Las
condiciones son inmejorables. El apartamento está en una calle silenciosa. Por
el balcón se ve a lo lejos el río. El río se ve también desde la pequeña
terraza de la cocina, que da a jardines y a balcones traseros de la calle
contigua, a miradores con barandas de hierro en las que hay ropa tendida,
ondeando en la brisa. al fondo de la calle, más allá del río, está el horizonte
de colinas de la otra orilla y el Cristo con los brazos abiertos como a punto
de levantar el vuelo."
Confinamiento en buena compañía
Que
dicen mis princesas que no, que no me dejan sola. Les digo que a lo mejor
tienen que abandonar su vara antes del 11 de abril, que sé que igual tienen que
atender a órdenes que vengan de más arriba, pero me dicen que si yo aguanto,
ellas también. Las miro y les doy las gracias.
Aún
quedan muchos días de vernos los pétalos y la cara a todas horas. Espero que
tengan paciencia y que no se cansen de mí; pero nunca se sabe... una ya va
teniendo sus manías.
#yomequedoencasa con #misprincesas
De "preocupaciones" y mareas.
Hace
una temporada andaba yo "preocupada" (ojo a las comillas porque yo
las preocupaciones hace años que trato de priorizarlas muy mucho) porque no
escribía. Ya sabéis los que andáis por aquí que he escrito algún que otro poema
y también algún microrrelato. Pues eso, era como si de repente la inspiración,
las musas, o qué sé yo qué se hubieran ido. Seguramente a los que tenéis la
afición o la necesidad de juntar letras no os suene esto desconocido, pero no
sé, era como si ya no tuviera nada que decir (y tampoco es que hubiera yo dicho
mucho, o que lo que hubiera dicho lo hubiese dicho ni siquiera bien... vaya
trabalenguas que estoy formando aquí a lo tonto). Es más: tengo poemas para un
nuevo libro y no siento ahora mismo la necesidad imperiosa de seleccionarlos en
condiciones y poner de nuevo en marcha el engranaje de la publicación. Tampoco
tengo como excusa la falta de tiempo (nunca la tuve, en realidad) ni nada parecido.
Simplemente creo, y digo sólo creo porque como decía Tom Hanks en
"Náufrago": "Quién sabe qué traerá mañana la marea", pues
que si antes me "preocupaba" (y vuelvo a entrecomillar) si mis poemas
eran buenos o malos, y quizás eso me impedía soltarme y volver a escribir con
fluidez (no digo bien ni mal, digo sólo con fluidez) ahora eso es algo que ha
pasado al último lugar en mi lista de prioridades y "preocupaciones"
(insito en el entrecomillado). Siempre he sentido cierta sensación de intrusismo
en esto de la escritura y más aún en la Poesía (a la que tanto respeto) así que
supongo que lo mejor será que me deje llevar por los días venideros sin que
todo esto cause en mí malestar mayor.
Este
confinamiento (del cual llevamos sólo la cuarta parte, si es que el total fuera
de 4 semanas) me está haciendo experimentar cosas bastante más importantes que
el escribir un poema malo o regular que quedará perdido en el olvido en apenas
días. Siento preguntas (las siento, no sólo me las pregunto, sino que las
siento) como que cuánto tiempo perdemos en cultivar la superficie y qué poco el
interior. Cuánto en hablar y qué poco en escuchar. Cuánto en querer tener razón
y qué poco, en realidad, en razonar. Cuánto tiempo dando consejos y qué poco
aplicándonos a nosotros mismos tan sólo uno de ellos. Cuánto tiempo en
"vendernos" como quisiéramos ser y qué poco en depurarnos para
conseguir ser realmente como creemos que somos, cuánto en hacer ruido y qué
poco en construir silencio...
No
sé, está todo esto un poco desbalagado, es cierto, pero hoy la marea ha traído
estos pensamientos, estas líneas que ni siquiera son respuestas a nada,
seguramente sean sólo nuevas preguntas, olas de una marea que viene y va.
Y,
en todo caso además, quién sabe qué traerá mañana, nuevamente, la marea.
(La
foto podría ser de un mar cualquiera, pero es de mi Cantábrico,un día en la
playa La Espasa, Asturias, en agosto de 2018).
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