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Mi gata Nuecina |
N. se pone inquieta, maulla suave pero con insistencia. Se sube encima de uno de los bafles que tengo al lado de la tele y desde allí observa fijamente el techo con una quietud extrema.
Yo la observo desde el sillón. No hay nada, le digo, ¿no ves que no hay nada?
Entonces ella me mira, vuelve a maullar suave y a mirar persistente al mismo punto.
Me levanto del sillón y ahora soy yo la que escudriña la zona con la cabeza hacia arriba.
Diviso un mosquito minúsculo pegado al techo. Una mota negra apenas perceptible.
Miro a N. y ella me mira a mí y vuelve a maullar. Esta vez la entiendo bien: ¿Ves?, te lo dije, traduzco.
Entonces se va al sofá y se enrosca sobre sí misma cerrando los ojos.
No hay nada más placentero que tener razón y que te lo tengan que reconocer.
Es que son muy suyos.
ResponderEliminarUn abrazo.