13/9/11

BESOS ZEN

Creen los budistas que los seres vivos nacemos con un número limitado de respiraciones, y que respirar despacio y conscientemente alarga la vida, por eso intentan hacerlas lo más lentas posible, evitando que se terminen pronto y así llegar al final.
Yo me pregunto si al igual que con las respiraciones también nacemos con un número concreto de labios por besar, de cuerpos por tocar, de abrazos que dar, de ojos que mirar, de caricias que sentir...
me pregunto qué pasa si mi número concreto de besos no coincide con el tuyo, si mis labios no están en tu lista o si mis ojos persiguen a los de tu pareja.
Qué pasa si mi cuerpo no está en la lista de nadie o si mi deseo es tan grande que consume más rápido el amor ajeno, como la batería de un marcapasos.
Me pregunto cómo cuentan las bocas que no me besan y debieran.
Los budistas intentan respirar despacio para no morirse antes...quizás yo tenga que besar también más despacio para no vivir a medias, para no quedarme sin labios que rozar antes de tiempo, para que mis manos sigan acariciando las tuyas al unísono, para que mis ojos encuentren los tuyos.
O quizás deba mirarla sin deseo para luego besarte a ti despacio y poder sentir las caricias de alguien hasta el final...aunque no seas tú...aunque no salgan las cuentas.

By Pulgacroft.


6/9/11

LA CENICIENTA 2011 PUNTO 0

Su madrastra, como buena madrastra, era una mujer fría y sin escrúpulos que no dudaba en sacarles hasta los ojos a sus amantes, que como tontos caían en sus redes, sin darse cuenta que los usaba y tiraba como si fueran clinex usados.
Cenicienta no era feliz, estaba harta de trabajar y de no disfrutar de un solo día libre. Apuntada a todos los sindicatos existentes no lograba que ninguno de ellos la sacara de su esclavitud enmascarada.

Con los pocos ahorros que podía tener, un día decidió comprarse un ordenador, un portátil pequeño que fácilmente pudiera esconder de sus hermanastras y su madrastra.
Poco a poco se fue haciendo con lo necesario para poder conectarse a ese mundo que existía solamente en su imaginación, un mundo de color y libertad que sólo conocía en sueños y en los anuncios de la tele.
Así, un buen día, con su notebook y su conexión a internet, decidió crearse una cuenta en Facebook, Twitter y todas las redes sociales habidas y por haber.
Sus amigos virtuales crecían en número, los reales brillaban por su ausencia. Aún así Cenicienta no perdía la esperanza y a base de compartir deseos, vídeos de youtube y perfiles internáuticos su felicidad virtual se expandía.

Un buen día, se convocó un evento a través de Facebook, “quedada botellonera masiva y rokera”, a la que Cenicienta fue invitada, y sin saber muy bien lo que hacía le dio al botón de “asistiré”; pero claro, la niña pobre, humilde e inocente no sabía muy bien cómo hacer para asistir al acontecimiento sin ser descubierta por su indeseable familia.
A través de Twenty contactó con su vecina la Jenny, experta en escapismo (de su propio hogar) y esa tarde-noche la Jenny requirió a la madrastra de Cenicienta los servicios de la chica como canguro del niño que había tenido a muy temprana edad fruto de su relación con el Johny, el cual se encargó de llevar a Cenicienta en su carroza, un Meganemegatuneado amarillo, con unos ratones de peluche colgados del retrovisor.

Cuando Cenicienta llegó a la quedada lo flipó en 3D y por fin descubrió el mundo real que se estaba perdiendo entre mopas, fregonas y fogones. La invitaron a un elixir color morado que bebió de una garrafa de plástico, mezcló el elixir con unas pastillas pequeñas que la hicieron ver hadas madrinas con varitas mágicas y bailó cual desaforada con un guaperas con gafas de sol (aunque fuera de noche) de cuellos levantados y brazos fornidos al ritmo de un chunda-chunda que ella en su flipe particular confundió con un clásico vals de princesa...
A eso de las 3 de la madrugada, recibió un sms de su madrastra tan amenazante, que salió por patas del evento como si huyera del mismísimo diablo.
En su alocada huida se le cayó el móvil al suelo y entonces el niñato cachas con el que estaba agarrada bailando una pseudo lambada a lo “yi lou” rescató el artefacto de ser aplastado por la multitud.

Al día siguiente, o mejor dicho a los dos días siguientes, pues la quedada botellonera duró lo suyo y no era plan de levantarse en ninguna de las 24 horas sucesivas, el cachas guapetón amigo del Jhony se presentó en casa de Cenicienta para devolverle el móvil, aunque no recordaba muy bien a la niña con la que había bailado. Al ver las hermanastras ese cuerpo serrano metrosexual rebosante de músculo quisieron ligarse al chico con malas artes, pero he ahí que Cenicienta después de haber conocido la noche, la juerga y al guaperas, no quiso desperdiciar una oportunidad como aquella y en cuanto vio las intenciones de sus hermanastras las retó a que dijeran el pin del móvil en cuestión. Ellas, en su atrevida ignorancia todavía se atrevieron a decir 4 números al azar, pero ninguna de las combinaciones conectaron el teléfono...Cenicienta con humildad pero con decisión dijo la combinación mágica: 6969 (lo que provocó en el cachas una sonrisilla que Cenicienta de ningún modo entendió) y entonces el móvil dio la bienvenida a la pantalla y a la nueva vida de la niña.

Cenicienta se fue de casa con su móvil y su notebook a vivir con el guapetón que resultó ser un niño bien, hijo del director adjunto de Movistar, pero con muy buen corazón. Así que desde entonces a Cenicienta no le faltó saldo en el móvi, adsl gratis y por supuesto un buen puesto en la empresa que no obtuvo por enchufe si no por su talento y habilidades.

Moraleja: donde los dos viven felices y comen perdices.

Y colorín colorado este cuento....está remasterizado.

By Pulgacroft.








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